Por Olavo Alén Rodríguez
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Los esclavos de origen étnico yoruba, traídos a Cuba sobre todo después de finales del siglo XVIII, recrearon en esta parte del Nuevo Mundo muchas de sus formas de vida, tradiciones y costumbres, tal y como se habían concebido anteriormente en el continente africano. Uno de los procesos de reconstrucción más importantes realizados por estos esclavos fue el de la religión de los Orishas, profesada en África por estas étnias yorubas. Como los resultados de las reconstrucciones nunca eran totalmente iguales a sus homólogos en África, surgió con el tiempo en Cuba una religión diferente que se dio a conocer con el nombre de Santería. El nuevo nombre hace alusión directa a los santos de la religión católica, profesada por los españoles que conquistaron, colonizaron y poblaron a Cuba después del descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos.
En la Santería se veneran los mismos dioses u orishas
africanos – aunque incluye a Babalú Ayé o San Lázaro que no es una
deidad yoruba sino dahomeyana -. Pero a diferencia de lo que ocurre en
África, cada dios africano está también identificado por un santo
católico al que se le reconocen atributos parecidos. Este hecho, que
tuvo su origen en la intención del esclavo africano de enmascarar ante
sus amos su devoción a los Orishas, condujo hacia el profundo proceso
de sincretismo entre ambas religiones – una africana y la otra europea
– que dio nacimiento a la Santería. Lo realmente asombroso fue que se
mezclaron en la nueva religión cubana elementos filosóficos, formas de
veneración, establecimientos de jerarquías y relaciones sociales que
tenían sus antecedentes colocados indistintamente en los dos
continentes señalados. Este hecho permitió que con el transcurrir del
tiempo, tanto los descendientes de europeos como los de africanos – y
la suma de ambos es la gran mayoría de la población de Cuba – pudieran
cómodamente participar, si así lo querían, de esta religión.
Sin embargo las formas artísticas de la Santería,
sobre todo la música y la danza unida a ella, preservaron los
comportamientos y actitudes estéticas de los africanos. Por ejemplo a
pesar de que es el idioma español el que se utiliza para la profesión
del culto, los cantos utilizados en él se hacen aún hoy en lengua
yoruba. Asimismo la música consiste del canto heterofónico de un
solista que alterna con un coro bajo el principio estructural de
“llamada” (solista) y “respuesta” (coro). El acompañamiento de estos
cantos se realiza por diferentes conjuntos de tambores donde el
concepto que guía y ordena toda la música es el rítmico. Aquí la
armonía, que organiza por excelencia a la música europea, queda
completamente fuera de la realización artística.
La danza se realiza por bailadores individuales, o
grupos que forman diversas coreografías utilizando predominantemente
las líneas y los círculos, también a la usanza africana. Queda
totalmente excluido el baile de pareja enlazada al estilo europeo.En la
Santería tradicionalmente se utilizan tres tipos de conjuntos
instrumentales para también tres tipos de actividades diferentes: los
tambores batá, para las ceremonias de mayor envergadura religiosa; los
güiros o abgues, para actividades no tan importantes del culto y los
tambores de bembé, hoy sustituidos por las tumbadoras cubanas o congas
y empleados estos para las actividades profanas vinculadas a la
religión.
El hecho de haber podido llegar la Santería como
religión a muy diversos estratos de la población cubana, permitió que
sus formas artísticas, de evidente antecedente africano, se
transmitieran a individuos cuyas preferencias estéticas eran muy
diferentes, pues se encontraban más cerca de las de los europeos. Este
proceso de africanización que ocurre en Cuba – que por supuesto no
queda geográficamente dentro del continente africano -, permitió la
incorporación de comportamientos estéticos nacidos en África, a
formulaciones artísticas netamente cubanas. En ello jugó un papel
fundamental la Santería, aunque también ocurrió lo mismo con otras
religiones afro-cubanas como la Regla de palo, de antecedente bantú.
Las formas artísticas de la Santería, sobre todo sus
músicas y sus danzas, han nutrido y nutren aún hoy una buena parte de
la música profesional de Cuba, tanto la conocida como música popular
cubana, como la música clásica o de concierto creada en el país. No
pocas actitudes y comportamientos estéticos que caracterizan hoy al
individuo cubano nacieron en el marco de esta religión y muchos de sus
símbolos de identidad han pasado también a constituirse en símbolos de
identidad para el cubano en general.
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