La Nueva Trova
Por Olavo Alén Rodríguez
© 2007 Jon Griffin
Descripción
Durante el siglo XIX aparecen en Cuba diferentes formas de
presentarse la canción, todas ellas con marcados elementos que le
otorgaban un sello nacional. Entre ellas se destacaron las canciones
líricas cubanas, las habaneras, los boleros y en un lugar muy especial,
la canción trovadoresca.
El nombre de esta última, fue tomado a la forma en que
se autodenominaron sus primeros y principales cultores: trovadores. Con
él se establecía un reflejo con lo que ellos pensaban que era la forma
de vida de los trovadores medievales europeos. En sus mentes los veían
deambulando con un laúd en sus manos, cantando de pueblo en pueblo y
relatando con su música todo aquello que había llamado su atención o
que ellos deseaban dar a conocer. Así mismo se comportaron los
primeros trovadores de Cuba, pero sustituyeron el antiguo laúd por una
guitarra y crearon melodías y formas para su acompañamiento que con el
tiempo se fueron haciendo cada vez más y más cubanas. Este
comportamiento creó toda una tradición en las formas de hacer música en
Cuba que ha reaparecido en diferentes momentos históricos. Actitudes como estas guiaron, durante las décadas del
40 y del 50, la creación de los músicos que cultivaron un tipo de
bolero que se dio a conocer bajo el nombre de "feeling". Asimismo a
finales de la década de los años 60, un grupo de jóvenes encabezados
por Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola retoman esta
tradición para con sus cantos dar a conocer las transformaciones
sociales y políticas introducidas en Cuba desde el triunfo de la
Revolución Cubana en 1959. En 1967 la ya importante institución cultural Casa de
las Américas crea su Centro de la Canción Protesta. Parte importante de
las actividades organizadas por este Centro, se nutre de las canciones
creadas e interpretadas por los nuevos trovadores cubanos. Sin embargo fue en el Instituto Cubano del Arte y la
Industria Cinematográfica (ICAIC) donde se encausó esta actitud
estética, específicamente en el área designada para la creación de la
música para el cine cubano, que sería conocida después como Grupo de
Experimentación Sonora. Su director, el afamado guitarrista y
compositor cubano Leo Brouwer, comenzó, desde 1969, a reunir en su
equipo, a muchos de los músicos más importantes que habían asumido esta
peculiar forma de cantar. Proliferaron por toda Cuba músicos jóvenes que
adoptaron estas actitudes al crear y cantar su música y en diciembre
de 1972, en la ciudad de Manzanillo se constituyó oficialmente en una
reunión convocada con esas intenciones, el Movimiento de la Nueva
Trova. Los textos de las canciones de la Nueva Trova
continuaron relatando los acontecimientos más importantes por los que
atravesaba la nueva Cuba. Así se tornaron cada vez más épicos y se
llenaron de alabanzas a la patria y a todo lo que aquí acontecía. No
por eso abandonaron los cantos dedicados a la mujer cubana, que
constituía uno de sus vínculos más importantes con la ahora llamada
vieja trova o trova tradicional. Pero entre sus principales aportes en
este sentido, estuvo el de ofrecer la imagen idílica de un nuevo
hombre cubano, que se alejaba definitivamente de todos los supuestos
aspectos negativos con los cuales se había vivido hasta ese momento.
Esta imagen dejaba fuera los celos por la mujer amada, la envidia, el
placer de las bebidas alcohólicas, y por supuesto el miedo y la
inseguridad en todas sus posibles formas de existencia. La figura que
por excelencia inspiraba esta nueva imagen, era la del legendario
Comandante Ernesto, Che, Guevara. Con la excepción de sus principales intérpretes, los
nuevos trovadores, cuidaron de la belleza de sus textos, pero
descuidaron la calidad de la música en si, estableciéndose de esta
forma patrones repetitivos en las melodías y en el acompañamiento en
prácticamente todos los miembros del Movimiento. Fue precisamente este
hecho, el que lentamente condujo a la Nueva Trova hacia su fase de
decadencia. Cuando algún autor o grupo de autores proponía algo nuevo,
entonces la crítica trataba de identificarlos con un nombre diferente,
como el de Novísima Trova, con ello se indicaba que estos cantantes
hacían algo diferente a la corriente principal. Durante la década de los 70 y parte de los 80, la
Nueva Trova ocupó los lugares de preferencia entre los gustos musicales
de las nuevas generaciones de cubanos, en detrimento de la acostumbrada
música bailable. Pero el auge de la música Salsa en Cuba, sobre todo
desde la segunda mitad de los 80, volvió a colocar las cosas en su
acostumbrado lugar. A pesar de que en algunos momentos aparecieron en el
Movimiento autores como Carlos Varela, Pedro Luis Ferrer y Gerardo
Alfonso, quienes enriquecieron con su creación la imagen de estos
nuevos trovadores, continuaron siendo sus pioneros Silvio Rodríguez y
Pablo Milanes las figuras cumbres de toda la historia de la Nueva
Trova en Cuba.
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